2 de abril de 2009

Sarkozy ¡Toguego, toguego! (29 Julio 2008)

"En Francia, el derecho a la vida humana se sobrepone al supuesto de defensa de los animales"

Valencia y Castellón han echado la persiana. Con pocas turbulencias, ambas, en cuanto a oscilaciones de valores taurinos ya establecidos. De cara a un futuro inmediato cada uno queda en su sitio, en el ruedo y en la calle. Importante la calle, que hace tiempo la mayoría la tienen perdida. Por ello no es casualidad que Ponce, sea Ponce, dentro y fuera, y Perera, el gran triunfador de Castellón y la temporada 2008, sea un hombre cercano; le falta la tv (generalista), pero está en el camino. O al menos estaba, por que el síndrome intimista de José Tomás o el sectario de medios y círculos exclusivos parece hacer estragos a los primeros síntomas de estar en figura, detectado por movimientos de peñas, clubes y aficionados que empiezan a agobiar y el torero en vez de sentirse halagado torna en molesto. Craso error. Ponce es el ejemplo a seguir y no otros. Ahí está su capital curricular como torero, su cuenta corriente, y su don de gentes, sin que sus continuas apariciones televisivas con el traje de luces le hayan quemado. Son veinte años en primera línea, ni su cuida- do en aparecer en la vida social le haya convertido en pin,pan,pum del colorín.

Ponce, como gran triunfador de Fallas, tiene el plus a su favor, cara al público y al aficionado, en que su magistral faena al toro de Garcigrande la vieron cerca de un millón de espectadores entre los de casa (Valencia), Andalucía, Castilla la Mancha y más de media España taurina a través de los operadores de satélite que, y no hemos hecho más que empezar la temporada, en sitios como la Comunidad de Madrid sustituyen a los dos juguetes en forma de canal televisivo de doña Esperanza Aguirre que sin embargo no renuncia a embolsarse todos los años 1.000 millones de las antiguas pesetas a costa del toro sin más reversión que ladrillos y cemento, en constantes reformas de la plaza, aliviando el presupuesto de Patrimonio que es a quien correspondería. Vamos, en el tipo de la casa: le va más un constructor que un torero. Visto lo visto en el Levante español, la televisión, de forma indiscriminada y total, es la que está pidiendo a gritos José Tomás para que su toreo clásico y profundo, exquisito y elegante, de empaque y composición, de verdad serena, oliendo a cloroformo lo justo o menos, tenga mayor y más sólido quórum que el tomasismo militante que parece perder vigor (como los paisanos de a pie o Antena 3 y Telecinco, los telediarios de la 1, también) cuando no hay volteretas, sangre, o cercanía de drama en fase de tragedia. Es período, pues, más que de mutación de vuelta a los orígenes que catapultaron su prestigio entre la profesión, crítica y aficionados aglutinando un ambiente popular in crescendo basado en un extraordinario torero frenado en seco el día que trocó, voluntariamente (solo o en compañía de otros) en un apunte de genio extraterrestre; mixtura entre lo heroico y lo kamikaze. Facturas que se pagan a 30, 60, 90 o 180, o más, pero que al final se pagan. Es el caso de El Juli, maduro y muy hecho, consolidado como gran figura y un seguro de éxito cada tarde pero de eco discreto, tal que en Fallas. Por que mientras se agotan, hasta hacerse tópicos, los calificativos de la crítica: firmeza, seguridad, rotundidad, mando y dominio absoluto, tiene como asignatura pendiente volver a ganar la calle: el pueblo. Como en sus inicios, pero con sus argumentos de hoy como torero cuajado y no como púber avanzado en tauromaquia, casi prodigio. No es difícil: de él depende. Es solamente volver a abrirse a la sociedad común y civil, sin renunciar a su evolución como gran maestro. Castella es otro de los toreros cuya proyección como figura para todos los públicos dejó a mitad de camino optando por la tauromaquia asceta. Su obsesión por satisfacerse a sí mismo, ¡a puro cojón!, más que depurar el arte de torear, no le ha valido para que su esfuerzo de Valencia haya repercutido, social y taurinamente, más allá de las dos de la madrugada del domingo de autos al lunes en que concluyen los programas radiofónicos taurinos de cabecera. Era la tarde que toreaba José Tomás, y se cambiaron los papeles con nulidad de repercusión: el arrimón de Castella sí le hubiera valido al de Galapagar para cortar la segunda oreja, poner su carga dramática y activar los resortes de las televisiones en su plano más sensacionalista. Y las suaves, ligadas y templadas faenas del madrileño, en manos del francés, le hubieran valido a éste para ampliar el concepto único con el que hoy se le define: valiente, ¡muy valiente!, poco más. El grado admirativo de suicida y poner en valor positivo el aislamiento social está hipotecado, en exclusiva, por su tronco y colega: "bienaventurados mis imitadores porque de ellos serán mis defectos". Barbas a pelar, para que otros, Talavante, por ejemplo, pongan las suyas a remojar.

Manzanares ha comenzado, taurinamente con mucha tibieza, e igualmente está en ese momento, peligroso, que parece ser moda (¡dónde va Vicente….!), obviando pasear por la calle mayor, atestada de gente, sus tardes de triunfo, que palian otras grises como las de Valencia y Castellón, para pasar y posar por el reducto selectivo de un supuesto glamour que tiene como prioridad su masculinidad belleza antes que su renacentista tauromaquia apuntalada en un valor natural y una elegancia innata. Ese es el campo acotado, sin rivalidad posible, para Cayetano, cuyo toreo, técnicamente, no evoluciona; dejándole su coraje, raza y genética a merced de los animales, para que en días en que la Providencia está de guardia, la medalla sea de oreja incruenta, antes que sangrienta de cornada pregoná. Atalaya vedada incluso para su hermano Francisco y también para El Cordobés: los ¿mediáticos?, cuyo espectro público es más amplio y heterogéneo, de mayor empatía y menor sofisticación, argumentos para corta ambos una oreja, en Fallas, de Pueblo, y a plaza llena. (¡Ojo!, Pueblo, así, con mayúsculas. Respeto, al público y a los toreros). Valga el diagnóstico par El Fandi, que cambia lo mediático por lo espectacular. Fue el único torero, tras Ponce, en cortar dos orejas de un solo toro. Poco van a mover estas dos ferias levantinas. Sin que las sorpresas agradables del debutante Ruben Pinar y el doctorado Abel Valls vayan a romper moldes; si salen con ambiente favorable que tendrán que revalidar tarde a tarde, cada uno en su línea de la parrilla de salida y a marchetas diferentes. Como contrapunto, si acaso hay un torero que haya podido subir el papel de su cotización, en cuanto a animar su bolsa de contratación, más que caché, es Aparicio con su actuación fallera. El arte, solo rezumar, puede valer media vuelta a España toreando, más que para algunos dos orejas en Las Ventas. Los toros son algo más que dos horas y media de espectáculo y derechazos y naturales. La sombra de la corrida y sus circusntancias es alargada, y se proyecta más allá del redondel.

La fiesta, ante la crisis (2008)

No es que el 2008 haya sido la mejor de las temporadas recientes pero, con la que está cayendo, se puede hablar de desaceleración; nunca de crisis y menos de recesión. La fiesta sobrevive autofinanciándose y asiste, cual bomba de oxígeno a la música, por ejemplo (grandes gurús, generalmente pesebreros, a orquestas y charangas).

Lo hacen vía canon o de forma directa en las miles y miles de fiestas patronales. Además, la fiesta soporta, en general, multitud de impuestos que nutren las expoliadas arcas públicas afanadas en asesores tuneos, pompas y boatos. Es un activo sano (pero de verdad) al que no le desestabilizan las burbujas: en positivo, no causa inflación la burbuja JT y en negativo la de Francisco Romero.
El hombre orquesta de Castilla La Mancha Televisión ha estado a la altura de Martinsa, Lheman Brohers y similares en concurso de acreedores, pero con pana y visera, ni gobierno que le descontamine el activo de su ruina y damnificados. Los toros no solo no necesitan rescate financiero al uso de estos días, si no que sangres de otoño, como la de Perera, transfunden la sangre de mayo (pero no la de Frascuelo y El Ruso) si no la Sangre de mayo de Garci.
Este arte sólo demanda comprensión y, sino cariño, al menos respeto. Pero esta Fiesta, por tradición, es pollo sin cabeza. Es sector, desde su génesis, sin vertebrar. Ahora, al parecer, se arrogan la representatividad del gremio un mestizaje de todo tipo de profesionales -delante y detrás del toro- y variopintos autotitulados aficionados. Su primera acción ha tenido ecodoméstico, que no repercusión extramuros.
Una excursión a Bruselas. La segunda, tan sorda como sórdida, ya imprime carácter: oponerse al derribo de la plaza de toros de… ¡Tenerife! Mientras, en Zaragoza se prohíbe a los enanos sentirse artistas y toreros, además de provocar la sonrisa de niños. Todo, según la ordenanza municipal que les veta de realizar su profesión y ganarse la vida. En el País Vasco sigue larvado el proyecto de prohibir la entrada a los menores.
La calma chicha de Cataluña es altamente sospechosa. Mientras, un grupo de comadres, perdedoras natas, hacen un mal uso de las ondas, aflojándose la faja para aflorar los michelines de su totalitario discurso único antitaurino. Pero es más sugestivo una jornada de picnic y colaterales en Bruselas que tomar el metro a la Puerta del Sol, el autorres a Zaragoza o el AVE a Barcelona. Por ello, si París bien vale una misa, la romería a Bruselas bien valió un día: El día del orgullo torero, como otros días de orgullo pero sin carrozas ni carnavales, con testosterona, en tipo torero, con traje, corbata, y sin colapsar la Castellana. Si hay que ir, se va. Pero ir pa'ná...

¡Aviso a navegantes! (Julio 2008)

El domingo, 13, en Barcelona –El Cid, Castella y Perera- 4.000 personas.
El pasado sábado, Roquetas de Mar, las 500 entradas vendidas fueron insuficientes para proveer el caché de 17 millones, de las antiguas pesetas, de Morante de la Puebla con la resultante de aplicación de la “ley de fugas” por parte del torero -embutido en el “chispeante” y en el patio de cuadrillas- a la hora prevista del “ta-ra-rí”.

Y esto no ha hecho más que empezar. ¡Pasen y lean!, hasta la “cocina” –último párrafo-, que ¡al fondo hay sitio! y, a lo peor, a alguno se le caen “los palos del sombrajo” con la última del prócer más prócer de toda la historia de la tauromaquia.

Si fuera Zapatero el gurú de la tauromaquia actual no habría por que alarmarse. La “macrotauromaquia” va bien y crece razonablemente- los llenos de Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona-; otra cosa es “la cesta de la compra y las hipotecas”.

Sin embargo la calidad de los espectáculos y los resultados artísticos –cierto es que ha veces inciden factores externos como el mal manejo de la espada y la incompetencia de los presidentes- no han respondido a las expectativas creadas tomando como referencia las temporadas anteriores: ni en toros ni en toreros; sólo Miguel Ángel Perera está en crecimiento constante con regularidad de triunfos inobjetables.

El escalafón está en “desaceleración” con previsiones de leve “recesión”.
No se puede, ¡no se debe! –sería de antipatriotas taurinos- hablar de “crisis”.

Cierto es que el “petróleo” de las figuras del que depende la “macrotauromaquia” no pasa por su momento más voltaíco y que nadie se ocupa –ni preocupa- de energías alternativas, de valores emergentes, pero (como Bogart en Casablanca) siempre nos quedará José Tomás:¡tal que “la burbuja inmobliaria”!.

“La respuesta de José Tomás ha sido un simple calentón para cobrar protagonismo” : laNacion.es

Una nueva polémica en el mundo taurino ha saltado a los medios, y es que José Tomás no quiere que se le otorgue a Francisco Rivera el mismo galardón, la Medalla de Oro de Bellas Artes, que le entragaron a él.Pedro Javier Cáceres, crítico taurino y periodista, ha insistido en que aunque la polémica no va a durar mucho más, lo que a fin de cuentas suscita es “una imagen penosa” el sector taurino. Cáceres opina que aunque Tomás es “un extraordinario torero“, Rivera es otro profesional que lo ha demostrado a lo largo de toda su carrera y con enorme tirón en las plazas.

-Respecto al debate suscitado ante la polémica del galardón, ¿qué valoración hace usted como profesional del toro?
En primer lugar, me gustaría destacar que la polémica sale 10 días después de que la medalla haya sido entregada. Está claro que todo tipo de concesión puede crear polémica y desconcierto pero como otras tantas. La figura de José Tomás es un punto de referencia en el mundo taurino como la bajada del pan o el euribor. No obstante, y sin poner en tela de juicio su profesionalidad, creo que ha sido un momento de calentón y una ocasión por parte de José Tomás para cobrar protagonismo. También es una descortesía por su parte para aquellos que se la otrorgaron.

-¿Estamos ante dos grupos enfrentados, los puristas que apoyarían a Tomás contra a los famosos que estarían del lado de Rivera?
Yo creo que todo eso son estereotipos sin ningún tipo de fundamento. Hay que tener un poco de memoria y saber que Francisco también es un importante torero español que creció de la mano de su abuelo y empezó con una serie de toreros que ya se han retirado y de los cuales sólo queda él. José Tomás es conocido por tirar la piedra y esconder la mano y esta vez se le ha ido de las manos. Nunca llueve a gusto de todos y ninguno se rasga las vestiduras por eso.

-¿Es otro esterotipo el que se adjudica a los toreros como ricos, famosos y con novias modelos?
Por supuesto que sí. Hay que tener en cuenta que es la sociedad en la que se mueven , en la que viven. Es verdad que algunos son más abiertos como Fran Rivera y otros, más herméticos como Tomás que al final se casan con una chica que trabaja de cajera. Pero esto nada tiene que ver con el que es artista y el que no lo es.

-¿Cómo ve usted el mundo del toro hoy?
Es un mundo muy competitivo, pero entre los que compiten. También es un mundo en auge con un alto porcentaje de seguidores españoles. El problema es que las estructuras no invierten en el día a día. Los resultados; los triunfos de los domingos no interesan a los medios de comunicación para publicarlos. Por eso, hay que contar con fórmulas alternativas como la publicidad, el marketing y estar presentes.