27 de junio de 2010

La resaca de San Isidro

La “borrachera” de festejos de las “Ferias de Primavera en Madrid” (antes San Isidro) dan paso, como toda intoxicación (término nunca mejor aplicado) etílica a la correspondiente resaca.

La resaca, según la ciencia médica, es un cuadro de malestar general que padece al despertar quien ha “bebido” en exceso. Yo, por mi cuenta —y no hablo por experiencia propia, si con conocimiento de causa por múltiples referencias- añado que entre los efectos colaterales está el aborrecimiento del alcohol durante algunos dias, no muchos, a veces durante horas; en el caso de la “borrachera” taurina venteña, los efectos secundarios duran meses, o quizá un período de un año, hasta la próxima, si tenemos en cuenta que muchos tienen que beber en “otoño” de forma obligatoria para pasar el test del abonado y acuñarle su cartilla como tal. Un test que, entre otras cosas, no es gratuito si no todo lo contrario. Alguien, voces hay, le llaman “impuesto revolucionario”.

Hay una resaca “marinera” que tras el temporal tira, sin apenas percibirse, para adentro, en aparente calma chica.

En el Madrid taurino tras el temporal, curiosamente, no se ha pasado a “mar gruesa” y si a esa resaca subliminal y engañosa de resignación interna.

Lo curioso de la resaca post-isidril, donde te han mezclado botella etiquetada con tetra-brik en cantidades no proporcionales, siempre a favor del cartón, es que afecta al consumidor (que pasa “resacoso”), al expendedor y a la propiedad del chamizo (la gran responsable) que no solo no espían sus pecados de adulteración para a partir de junio degradar el producto a garrafón puro y duro con tal de mantener abierto el negocio.
No es verdad que Madrid ya no cuente para nada en la movilidad de la temporada ni que no valga “un duro”. Cierto es que sus “ferias y festejos de primavera” (antes San Isidro) cotizan el “duro” a dos pesetas, y su resto de temporada a 50 céntimos, pero a pesar de su devaluación no deja de ser moneda de curso legal —la peseta siempre será el cambio de referencia popular- ; principalmente para valores toreros nuevos, emergentes y veteranos con poso y de posible rescate.

Negocio, por otro lado, ruinoso que no exime a la gestora de su responsabilidad, los costos del montaje son iguales haciéndolo bien como mal, pero si es un atenuante.

La empresa en su búsqueda de recursos para mermar pérdidas ha encontrado una aliada en la TV de Castilla la Mancha, que palia en alguna medida los números rojos de cada festejo televisado, más de uno y de dos. No es que sea gran cosa, pero al cabo del verano “un grano no hace granero pero ayuda al compañero”.
El problema es que este acuerdo devenga un “peaje” que, como siempre, se carga al consumidor: cada festejo televisado por Castilla La Mancha solo da a la empresa un margen de maniobra para entre, compromisos y algún “coleta” posible e interesante, colocar dos toreros en la terna. Uno fijo debe tener “pedigree” castellano-manchego y responder a los caprichos del Director General del ente con una lista de espera más larga que un vuelo de Iberia a Quito.

Este dato no hace más que abundar los argumentos que señalan a la Comunidad de Madrid como la gran culpable, y en parte única, del deterioro hacia el abismo de Las Ventas.

Mientras, Telemadrid, usufructuada por el Gobierno regional, se entretetiene en jugar, con índices ínfimos de audiencia, a ser una “tele” generalista y nacional en el que los toros son marginales y a veces “al relance” del impulso de otras teles regionales como por ejemplo hoy donde han retransmitido la alternativa de Esplá (hijo) desde Alicante —sin ningún torero madrileño en el cartel-, en vez de estar en “el foro” a quien se deben por principios estatutarios.

Para más guasa, el ente madrileño dispone de un segundo canal, hasta el momento legalmente dudoso, que le llaman “la Otra”:
Y a nada tengo derecho,
Por que no llevo un anillo
Con una fecha por dentro.

Tal que además de su alegalidad o ilegalidad, sus índices de audiencia no computan por ser menores que un canal de comunidad de vecinos. Hoy daba el Alcorcón-Onteniente, como mañana puede ofrecer un partido de voley playa de solteros contra casados del “club de la capa” en las antiguas instalaciones del Parque Sindical.

Si después de “ratear” mil millones de pesetas por canon a las gentes del toro y el público, La Comunidad, tuviera la decencia de cuidar “la teta de la vaca”, en vez de succionarla, con medidas de apoyo, fomento y difusión a través de sus canales de televisión.

Bastaría un gesto con la una o con la otra, su implicación (además de unos derechos de retransmisión que alivien “la ruina” de cada festejo aunque sea mínimamente, algo es algo, como hace Televisión Castilla la Mancha), conllevaría un servicio público a casa del sufrido aficionado a los toros madrileño que además significaría mayor repercusión de lo que pasara en potencia, en el ruedo, merced a los espectadores pasivos de la tele, pero, sobre todo, que los carteles no quedarían mutilados en la operatividad de la empresa y adquiriría, La Comunidad, legitimidad para proteger, primero, a toreros interesantes, a triunfadores en precario en Madrid dignos de repetir y por ende a los toreros madrileños, que son legión, han salido de la escuela de tauromaquia, la mayoría, que cuesta un dinero —por supuesto insuficiente- y por el momento no han demostrado ser inferiores a tanto enchufado que hace el paseíllo en La Monumental.

¿Se pierde dinero todos los días? (Reflexión de la semana)

Simón Casas, empresario –entre otras plazas- de Alicante ha puesto el dedo en la llaga “se pierde dinero todos los días” , incluso se ha arrogado, no sin cierta razón, casi la exclusividad del mensaje-alerta denunciando que pocos o ninguno lo dicen, y menos afrontan la situación.

Tiene razón cuando señala a las administraciones públicas propietarias de los inmuebles como las causantes de tal situación por el “tancredismo” con tufos despectivos hacia el toro de que hacen gala y no flexibilizar las exigencias de canon por piso plaza y número de festejos en virtud de la coyuntura. Cierto. Pero no lo es menos que, como queda escrito antes, los dos factores de estas ferias-muestra, uno nada probable de cortoplacista y el otro, los mundiales, con fecha de caducidad, eran previsibles, y el sector, como siempre, no ha movido ficha.
Es cierto que sería necesario, como en política, o en lo laboral, pactos o convenios que adecuaran los pliegos por parte de las administraciones titulares. Pero ello pasaría por un primer paso de unidad entre los empresarios con mensaje unívoco, cosa improbable por la acrisolada competencia desleal y la desconfianza –todos contra todos- del sector de la que son conscientes y sacan su tajada dichas administraciones. Pero, en el mejor de los casos, dicho entendimiento y para garantizar la igualdad de oportunidades como norte de toda “cosa pública” conllevaría la resolución de los contratos en vigor y sacar concursos nuevos asequibles al momento, si se quiere, incluso, partiendo con alguna ventaja (vestida de experiencia in situ) del arrendatario afectado. Pero este es el minuto del partido en que los empresarios reculan. Incluso el propio Simón Casas no lo deja claro en sus manifestaciones si no todo lo contrario. Me explico, lo que se intuye pretende, o pretenden, es que uno a uno, y mirándose de reojo todos, arreglen su problema puntual y que su administración correspondiente le revise su pliego, que no es otra cosa que la oficialidad de su oferta voluntaria con la que ganó a otros, de forma unilateral en flagrante compadreo.

En cualquier caso me ratifico que Simón Casas tiene la razón en denunciar como parte de la imposibilidad de, al menos, defender el negocio la voracidad inmisericorde de las administraciones y su total abandono falta de apego y cariño al segundo espectáculo de masas en España.

Pero, como muchos toreros, su valor es limitado, y su razón es parte, o media razón, que como las verdades a medias, a veces, son nocivas por ser maniobras de distracción de la realidad de los hechos fundamentales:

1.- Que son los propios empresarios taurinos los que tienen la iniciativa de presentarse a los concursos sin que nadie les obligue y que con sus desorbitadas ofertas en canon y festejos vician a una administración ya de por sí usurera y que ve la puerta abierta en la modalidad de concursos al alza, la mayoría sin tope, para que entre todos encubran auténticas subastas descabelladas.

2.- Y más importante. Las barbaridades que están pidiendo, y cobrando las figuras, o llamadas figuras, del toreo. No por que jugarse la vida tenga precio, o lo ponga la crisis o el fútbol, no: el arte en simbiosis con la vida en juego no lo tiene; simplemente por que no generan lo que pretenden, y en muchos casos consiguen en cuanto a “caché”. Ni siquiera juntando a los tres de mayor tirón en, aproximadamente, 25 festejos celebrados en estos días y en estas ferias clásicas de junio, y con el medio toro de alivio, a lo más que se ha llegado a los ¾ de aforo en este tipo de carteles, o el casi lleno de Burgos, con el ganadero local, Antonio Bañuelos, El Cid, Castella y Talavante.

Pero llegado a este punto ¿Quién le pone el cascabel al gato de la autocotización y el dinero de las figuras que no acaban el papel, repito, ni de tres ten res? Simón Casas también mira para otro lado.
Son legión, por no decir todos, los taurinos, muchos, que van a acabar con el cuello escayolado o con “collarín” de quita y pon según venga el aire. Porque la cuestión es siempre “echarle la culpa al empedrado” : el “síndrome de tortícolis”, patología crónica de la gente del toro.

14 de junio de 2010

Las Ventas. ¿Y ahora qué?

Ahora sí. ¡Por fin!, o lamentablemente, porque el verdadero aficionado quisiera toros todos los días del año, ha terminado este engendro de festejos continuados servido en varias entregas para vestir el muñeco pero más que con un traje con un disfraz de carnaval propio de grandes mascaradas como ésta.

Y lo escribiré pronto: la culpabilidad del barbecho sobre el que patina un año sí y otro también desde el 2.006 un almacén de fechas apiladas en ciclos impostores, es de la administración Aguirre (Condesa consorte de Murillo y Grande de España… ¡y olé!).

Han concluido las “ferias y festejos extraordinarios de primavera” de Madrid. Lo que antes era, simplemente, San Isidro. Tan corto pero tan grande, en todo, en mediocridad, a veces, incluso. Pero funcionaba, el modelo funcionaba.

Cierto es que eran 37 festejos de abono con las novilladas de las fiestas de La Comunidad (extraordinario trampolín para la cantera, con la plaza llena y la televisión) y que se hacía prolijo de digerir y costoso, económicamente, de soportar; pero no había trampa ni cartón. Todo era abono de San Isidro, menos la corrida del 2 de mayo y las “antiguallas” de las de la Prensa y Beneficencia que como tal deberían de desaparecer porque hace tiempo que no cumple su misión de mecenazgo una (la propia asociación de la Prensa debería pedir su renuncia a ¿patrocinar? el engaño) y de “beneficencia” la otra.

Con mayor o menor brillantez en su desarrollo en el plano artístico, hasta el 2004 el sistema funcionaba en sus mecanismo y en lo económico daba un margen cuantioso de recursos a la empresa y sobre todo, ingresos, a la Comunidad.
Quizá se imponía un relevo en la gestión, los mismos Hnos. Lozano fueron los primeros en detectar el desgaste y no pedir la prórroga para el ejercicio 2.005, pero nunca del modelo. Sí matizarlo, pulirlo o perfeccionarlo, pero no arrasar con la política taurina de Leguina y Gallardón que tan buenos frutos dio a todos, y que ahora se añoran, aunque algunos de “piñón fijo” yerren el tiro queriendo cargar las tintas sobre la gestión a la hora de diagnosticar la culpabilidad de la mediocridad de una feria, como la acabada, que por otra parte se está analizando desde el catastrofismo.

Posiblemente, en un lapso de tiempo inferior (6 años), la erosión, por culpa del modelo, haya sido mayor en la empresa actual que en las anteriores (9 años Manolo Chopera y 15 de “Los Lozano”) y el cambio, ley de vida, anide en la mente de muchos. Pero no es la solución, sí el cambio de modelo por parte de la Administración regional.

Un cambio de modelo que esta misma administración empezó a reconocer de forma implícita en 2006, pero que en el concurso para 2007 en su ensoberbecimiento no aplicó, si no, que con su “sostenella y no enmendalla” de todo necio, enmascaró su error de reducción de festejos sin cuadrar la ecuación de, con los precios estabilizados, sin embargo gravar con 1.000 millones de pesetas (más otras obligaciones de letra pequeña) el canon de explotación.

Tal así que al socaire, en 2006, de cumplirse un dudoso 75 aniversario sacó un comodín tramposo de la bocamanga: una feria, no obligatoria para el abonado, pero con todo lujo de carteles en grado de tentativa que, de dudosa financiación, ¿a cargo de quien?, tanto entonces como hoy, paliara los resultados, la cuenta de pérdidas, que en ese 2005, por el modelo, y por la mala gestión de un intruso ladrillero afín, protegido y beneficiado por la Comunidad en grado de sumo descaro, arrojó 500 millones. Los datos no han sido nunca rebatidos.
Las bases del concurso para 2007 no variaron y hasta hoy con las prórrogas. El torpe es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra: igual modelo, encantados de haberse conocido y se han ido celebrando de forma torticera el 76, 77, 78 y el presente 79 aniversario. Todo no tendría mayor importancia si no fuera por la debilitación que en carteles ha supuesto para el abonado su clásico San Isidro, obligatorio, en favor del ciclo “apósito”. Tanto que las críticas recibidas en tal sentido en los años anteriores hizo a la actual empresa equilibrar, este año, lo poco que hay en la cima del escalafón dejando ambos seriales muy pobres, casi vacíos de contenido, en cuanto a carteles con aliciente se refiere.

Uno de los grandes errores ha sido vender de forma globalizada la feria más larga e importante del mundo como si todo fuera San Isidro, como hasta hace poco (36 o 37 festejos), pero con la farragosidad e incomodidad inherentes a tal barullo de nomenclaturas y despropósitos conducentes a la sensación de “estafa”.

Ese hastío es, quizá, lo que ha propiciado que estas Ferias de Primavera en Madrid se hayan analizado desde el catastrofismo más sectario y nada riguroso de análisis, por cuanto ha sido de las más brillantes respecto del juego de los toros, en un año muy difícil, y sólo en el debe de su lucimiento está el paso de puntillas del 90 por 100 del escalafón.

¿Y ahora qué?
Pues más de lo mismo. Este gobierno está fuerte políticamente y sin oposición, con lo cual “los toros” no inquietan. Para el próximo año la empresa solicitará la prórroga en tiempo y forma y la Comunidad la concederá puesto que será año electoral. Por estas fechas estaremos cerrando la feria del 80 aniversario. Y suma y sigue.
¿Y cual sería la solución? Me preguntaran ustedes. Complicada.

Hay dos escollos conexos, uno con el otro, que dificultan muy mucho una cirugía, no a corazón abierto, simplemente reparadora y volver a los orígenes de la gestión interesada o un pliego de condiciones más racional que de instrumentos y recursos de viabilidad para la mejora de la oferta teniendo en cuenta no perder nunca las señas de identidad de San Isidro, es decir: su metraje, de un mes y algo, entre 30 0 35 festejos más o menos, con sus fechas libres para oxigenar y prever contratiempos meteorológicos ( como se hacía no ha mucho) y que siga siendo, festejo a festejo, la plaza más barata del mundo (las cuentas salen si la Comunidad obvia su voracidad vampírica respecto de “los toros”). Amén de seguir siendo plaza de temporada, a pesar de los “cuarto de aforo” del resto del calendario que es más de media Maestranza pero que tiene unas características impares de vivero y rescate de toreros posibles; este punto sí es responsabilidad de la gestión, mejorando muy mucho los carteles y dar verdaderas oportunidades a quien se lo merezca por sus posibilidades y no el cajón de sastre de compromisos y otras bastardías.

Es pedir a los hipócritas políticos del PP madrileño un ejercicio de voluntad en favor de La Fiesta y renunciar a parte del botín al que ya se han acostumbrado. Bastaría que ante la competencia desleal, conocida, de los empresarios taurinos el “pliego” saliera con un techo razonable que evitara la subasta desmadrada habitual, tal como ha hecho Valencia.

A lo más que han llegado es al cinismo de proclamar los toros BIC y de momento, tampoco se les espera, no renunciar a sus tramos correspondientes de IVA, ni en el que devenga el canon ni en el reportado por la venta de entradas.

Pero aquí, algo tiene que decir ya los estamentos taurinos. Todos a uno deben clamar y exigir el cambio de modelo y desde la misma perspectiva que Aguirre tocó a rebato por la rebeldía e insumisión fiscal ante algunas medidas del gobierno el sector debe actuar en consecuencia, todos. Puesto que una huelga de empresarios daría paso libre, aun más, a otros intrusos habituales por la notoriedad social de Las Ventas, estos (los empresarios taurinos) deben sentir la solidaridad de toreros y ganaderos boicoteando cualquier tentación empresarial a golpe de talonario de “ladrillo visto” y “gotelé”. El sector no puede permanecer un minuto más mirando para otro lado mientras su referente, San Isidro, se tacha de caótico y lamentable además de por su lectura sesgada por su inviabilidad según el modelo actual por el cual de cada 73 millones (antiguas pesetas) de aforo completo, 30 han de ir a amortizar el depredador canon de la administración Aguirre. Esta situación y estos titulares hacen daño a todo el conjunto de La Fiesta.

Estas hipótesis de trabajo son posibles, pero hartamente, por todo lo expuesto, improbables.

Como que con una racionalización del canon hubiera más recursos para que “las figuras” en ciclo tan largo comparecieran más tardes.
Hay razones que el dinero no lo pueden y constituyen otro de los obstáculos para que esta feria y esta plaza sea el contrafuerte en que se sustente “el toreo”.

La hostilidad y el poco agradecimiento al esfuerzo de muchos toreros y las figuras, habitualmente, este ha sido un año depresivo, de un sector de público hace del coso venteño una olla a presión tan desagradable como entendible de eludir por aquellos que creen haber hecho sus deberes. Y un mayor amplio sector con su pasotismo otorga carta de naturaleza a la crispación infundada abundando la desesperanza.

Se me ocurre una “boutade”, lo reconozco, en la filosofía de “cuanto peor mejor”. Haría falta diseñar una feria, o ferias, malas, muy malas, pero de verdad, para que cinco o seis mil abonados renunciaran a su privilegio. ¡Sin que cunda el pánico! Al día siguiente habrían sido adquiridos, todos (y más) por savia nueva de público que quiere ir a los toros a disfrutar, dentro del rigor que siempre caracterizó a Madrid.

Madrid es posible. A pesar del “7”, el “sol alto” y los “borjamari” de sombra. A pesar del gobierno de la Sra. Aguirre. Además no hay otro, solo que ponerle las pilas, por que a los “tomasines” (de Tomás López, no el de Galapagar) ni están ni se les espera.

FOTOGRAFÍA: Juan Pelegrín

13 de junio de 2010

Feria Aniversario: No quisieron ver a El Juli

Crónica de un fracaso anunciado. No de El Juli, por cierto, sino de “Madrid”, definitivamente un “gache” por culpa de la sinrazón, la intransigencia, el “gallinero” del 7 más los altos de sol y, sobre todo, de la autoridad “incompetente”.
La tarde era para José Tomás. Por lo tanto ya venía torcida más que gafada. Descolgada del conjunto de “ferias de primavera en Las Ventas”, con la ausencia del de Galapagar y una climatología indecente que se puso de parte de los reventadores habituales. Todo eso lo sabía El Juli y, con asunción de responsabilidad de máxima figura, no volvió la cara al reto aun a sabiendas de consignas para partírsela.

Miguel Buenache es un tipo, como indica su apellido, “bonachón” y afable, tremendamente servicial y muy eficaz que se mueve discretamente en los ambientes festivos madrileños con “mando en plaza”. La tarde era de José Tomás, al que Buenache idolatra, con toda la razón, como profesa amistad, de la “guay”, con el Sr. Gómez, don César, a la sazón Presidente de la corrida. Es de suponer que por empatía, “los amigos de mis amigos son mis amigos”, ambos quedaron “compuestos y sin novia” ante el anuncio de la ausencia de José Tomás. A partir de ahí, es de suponer, que otro torero, a ellos no les valía, menos el sustituto, menos si el “osado” era Julián López “El Juli”. Y pasó lo que pasó.
El madrileño gozó de uno de los tres toros encastados y nobles de un encierro de El Ventorrillo irreprochablemente presentado y que dio juego fifty-fifty.
De los tres “buenos”, 2º,3º y 4º, quizá el menos pastueño fue el primero del lote de Juli. Un animal que a cualquier otro espada menos puesto se le hubiera ido y que Julián supo sacar el fondo de raza que el animal tenía. No fue fácil. Para ello tuvo que hacer un esfuerzo desde el primer momento (ahora se dice “minuto 1”) en que sobó por el pitón menos aprovechable (el izquierdo) para, puliendo asperezas, desarrollar un toreo mandón de mano baja y trazo largo manejando, alternativamente, las dos manos. El toro no tenía mal embroque, lo que hacía aflorar más esta virtud que el defecto de tender a quedarse debajo. Juli le fue alargando la embestida hasta provocarle el último tranco con inusitado pulseo y temple. Faena de manual editada por un “maestro” rematada por una estocada con “denominación de origen”. El quinto daba pocas opciones y menos le dio Juli al “ventorrillo” abreviando en un trasteo que ya comenzó con los mismos tics y mensajes groseros de los “ilustrados”. A esas alturas Juli no tenía el cuerpo para “ruidos”. Su esfuerzo y su sentido de la responsabilidad se habían estrellado, una vez más, con un ejército de tontos, el vasallaje del “usía”, los fantasmas ausentes y la “connection”. De los polvos del 2º, los lodos del 5º.

Del absurdo contencioso entre lo que, erróneamente, llaman “Madrid” (con el “lacayaje” de cualquier “palco”) y El Juli, pudo sacar partido Talavante, “colega” de Sergio Ramos, a su vez “tronco” del bueno de Buenache, y a punto estuvo de funcionar toda la cadena de la “connection”. Gozó el, quizá, toro más completo de Ventorrillo, 3º, y su labor fue de disposición y cierta entrega con no mal manejo de los avíos, pero abusando mucho de “la ayuda de espada” al natural y recorriendo mucha plaza. Tenía la oreja en el esportón cuando se cruzaron las armas toricidas en su triunfo que quedó en vuelta al ruedo. El sexto no sirvió ni tampoco Talavante cruzó la línea roja de apostar a ver que pasaba.
Ocurrió igual con el primero de la tarde. Manolo Sánchez, en tarde fría, abrir plaza y temporada, era su primera corrida, no se dio coba ante un animal brusco y con la cara por las nubes al que le costó mucho despenar. Si tuvo un 4º con bondad y alegría al que por momentos sacó la suavidad y clase que el de Valladolid atesora, pero de forma tan intermitente y tan de más a menos que no escribe ninguna historia.


RESEÑA

Madrid, Plaza de toros de Las Ventas (1º categoría). Casi lleno en día lluvioso y antipático.
6 toros de El Ventorrillo. Hondos, bien armados y de gran remate. 3 encastados, 3º con mucho que torear, 4º alegre, 5º bondad. Los otros tres bruscos y complicados.
Manolo Sánchez, pinchazo, otro hondo, descabello, dos pinchazos y estocada baja; protestas. Tres pinchazos y estocada corta fea; silencio.
El Juli, estocada; petición y ovación con saludos. Tres pinchazos, estocada baja y descabello; silencio.
Alejandro Talavante, estocada atravesada, cinco descabellos; petición, vuelta y aviso. Estocada; silencio.


FOTOGRAFÍA: Juan Pelegrín