15 de abril de 2009

Yiyo, al relance de la amnesia (2 de Septiembre 2008)

"Yiyo fue la semilla de una pléyade de toreros y figuras que han salido de la Escuela de Madrid"

El toreo anda sumido en tardes de mitos vivientes, en cuyas tauromaquias pesa más el pasado nostálgico que la realidad del momento y la profesión de fe por encima de evidencias; el aura eclipsa el rigor del análisis. Ocurrió, y se le sigue añorando, con Romero y algo -una elite más poética que taurina- con Paula. Ahora toca José Tomás. El toreo nació desnortado, invertebrado; y así sigue, y así le va. El toreo carece de "memoria histórica" y no honra a sus muertos -en esencia a aquellos caídos en acto de servicio-, salvo el período, corto, de mistificación hasta la fecha de caducidad para el recuerdo.
El fatalismo, que en el toreo es un activo lícito, por cuanto es la autentificación de la verdad de "las cinco de la tarde", está siendo utilizado de forma oportunista, resucitando mitos por la variante de una supuesta similitud -impostora- con los mitos vivientes institucionalizando "la tarde de los muertos vivientes" cada 28 o 29 de agosto, según interese, en Linares, desde la reaparición de José Tomás en homenaje a ¿"su espejo"? Manolete. (El verdadero homenaje a El Califa fue en fecha cabalística, día 28, por supuesto, del L aniversario, y lo protagonizó Enrique Ponce al matar una corrida de Miura que era el hierro lidiado por Manolete la infausta tarde del año 47, pero su olvido entra en el capítulo de la nula memoria histórica del toreo como consecuencia de la marea puntual y sobre todo desde el desprecio al TORO, que es el santo y seña del toreo en el último medio siglo).
El sábado pasado se cumplieron 23 años de la muerte, en la plaza de toros de Colmenar Viejo (Madrid) , de José Cubero Yiyo, a los veinte años de edad pero con una trayectoria consumada y una proyección solo referenciada en Joselito (El Gallo) -Granero era, a penas, un apunte- con todo mi respeto y admiración para Manolete (cuya última etapa fue guadianesa y apuntaba jubilación, efímera o permanente, según cuentan sus íntimos, de no haber ocurrido el lamentable suceso de Linares) y también para Paquirri -otro gran olvidado, injustamente, por el toreo- que podría haber remedado al Monstruo en su retirada si la tarde de Pozoblanco hubiera resultado feliz y no infausta. Yiyo, no; murió en el levante y no en el poniente. Yiyo fue la semilla de una pléyade de toreros y figuras que han salido de la prolífica Escuela de Madrid.
Yiyo es el estandarte de la independencia del torero ante la opresión de las exclusivas fomentadas por la gran patronal que hacía del maletín su uso y abuso (rechazó una oferta suculenta de Manolo Chopera para seguir al lado de su mentor, Tomás Redondo, con la represalia consiguiente subsanada con su espada y su muleta en una sustitución en San Isidro, de obligado cumplimiento, por parte del empresario vasco, a la sazón regente de Las Ventas). Como torero basta reproducir algunos pasajes de la crónica de esa tarde firmada por Joaquín Vidal en El País después de su actuación; corría el año 83, al filo de los dieciocho años de edad y que por su valor se reproduce en recuadro adjunto. Yiyo es, por tanto, 23 años después, un ejemplo en vigor para poner en valor, no menos que ninguno de los héroes muertos por la causa, y no ocultarlo. Un minuto de silencio, el sábado pasado, en la plaza de toros de Colmenar, seguido de bullicio y ruido de charanga. Fue, ha sido, todo. Ni una línea más que la reseña del dato, y no en todos los medios. Ni siquiera en aquellos especializados que viven de la publicidad de los toreros (un muerto no genera banners). Responsabilidad colectiva de el toreo en su olvido, y de los mitos actuales que egoístamente se refugian en la leyenda antigua -por mor de la competitividad en la egoísta pretensión absolutista del protagonismo de la historia del toreo- despreciando lo contemporáneo.
Únanse, igualmente, la de las instituciones: Comunidad de Madrid, Escuela de Tauromaquia de Madrid y Fundaciones de Joselito y Juli; además de los diferentes gremios profesionales y las pandillas de abonados y aficionados -la Mesa del Toro también- cuya vocación no es otra que pintar la mona: unas, unos, otras y otros. Reprobable la del alcalde de Colmenar, figurón del Centro Taurino de la CAM, y la del empresario designado por el dedo del alcalde que, curiosamente, es el mismo que el prorrogado por Esperanza y el mariachi de González con tintes de vitalicio en La Monumental. Que sepan, todos y todas, que acuñado quedó: "aquellos que ignoran la realidad de su historia o la manipulan están condenados a repetirla" (más o menos); incluso a sufrirla en sus carnes, o en las de los suyos. A quien corresponda.
Yiyo en la memoria y en la historia, por y para siempre. Sin fecha de caducidad.

El orgullo de ser toro... cabeza para abajo (26 de Agosto 2008)


No he encontrado diferencia alguna propiciada por el reglamento común de los asturianos y los "catetos" localistas de Euskadi y Andalucía. Simplemente las características ancestrales que definen y diferencian unas plazas de otras. Y por encima de todo seis toros y tres toreros en mayor o menor grado, de fuerza y casta y de inspiración. No es necesario rellenar negro sobre blanco un mamotreto para argumentar que en Bilbao haya que cortar dos orejas en un toro para salir por la Puerta Grande o Puerta del Lehendakari como en Sevilla es la del Príncipe o en Nimes la de los cónsules. Sí se empeñan los gudaris vascos en dejar muy claro que San Sebastián es de primera, gracias al toro, durante una semana, mientras no echan cuentas que La Real es de segunda durante 365 días, y los que te rondaré… En Málaga el Reglamento Andaluz no ha evitado los descalzaperros ganaderos.
¡Y no es que el toro de lidia pase por su mejor momento! Cierto es que los toreros tampoco (respecto del trienio -espléndido- de 2005 al 07). La Semana Grande de Bilbao, que concluyó ayer, como una de las tres grandes citas anuales, así lo atestigua: a penas Enrique Ponce (el único en abrir la Puerta Grande -en Bilbao más grande, lógico por tratarse de Bilbao-) cuajando toro y medio de cuatro. Cierto es que el de Ventorrillo es de manual para las escuelas taurina y marca la diferencia de este torero, no en un momento puntual, sino en casi veinte años de carrera, poso que sirve para triunfar el medio cuajado de Cuvillo en labor de tentadero. Los gladiadores de la victorinada, Fundi y Urdiales, con gran entrega en su papel de tales.
Por arriba (Bilbao y su toro, es mucho Bilbao) la feria parecía ser de Perera; gustó, sin arrebatos, las dos faenas de la primera tarde de Manzanares y la de El Cid, en un toro; pero a todos, por fas o nefas, les pesó la segunda tarde, dice el dicho: "segundas partes nunca fueron buenas". Sí le sirvió la prórroga a El Juli para "salvar los muebles", de penalti y en el último minuto. Y Morante, que si no resiste análisis, su tauromaquia es así, mostró su mejor versión de equilibrio entre entrega y pellizco; a su aire, que es el que gusta sin exigirle más. Los dos días. Destacó una corrida de Fuente Ymbro -con muy mala suerte en el sorteo, no el de las doce de la mañana del día de autos, si no cuando se confeccionaron los carteles- y una terna consecuente con sus circunstancia del momento y Juan Bautista, en depresión -como Castella-, Fandi en espectacular rehiletero y vistoso capotero y Liria notándosele demasiado que se va; bueno empezó a irse a principios de temporada y ahora cuanto más cerca lo ve más procura asegurar la vejez.
Y algunos ejemplares sueltos de Torrestrella con terna voluntariosa, Jandilla, Ventorrillo, Cuvillo -uno- y Victorino.Feria en la que muchos toros no destacaron más, o lo suficiente por tener la osadía de arrimarse en exceso a los toreros que -generalmente- les cupieron en desgracia.
El mundo del revés es la lógica en una tauromaquia sustentada en un cúmulo de contrafueros y sinrazones sólo inteligibles desde la asimilación voluntarista que "esto es un planeta a parte". Por ejemplo, del que pretenden, y lo consiguen, lucrarse, en la más perversa de las corrupciones -la vanidad- los políticos. Ahora les ha tocado el turno a los de Castilla y León. Con el desahogo consustancial a la condición política de aparentar consenso para acometer con hechos consumados, de forma totalitaria, aprovechando la golfa coyuntura del ocio vacacional del común de los ciudadanos y la transhumancia sin solución de continuidad en estas fechas de la clase taurina por ser estas calendas las más fibrosas y musculadas de la temporada, anuncian la puesta en vigor de un reglamento taurino autonómico. De lo que han querido filtrar, con indisimulado objetivo manipulador, se desprende el "más de lo mismo" con alguna babosa novedad para intentar descontaminarlo de cualquier remedo y aparentar seña identitaria, con el oscuro objeto de deseo de conservar el buque insignia de las prebendas constituidos en autoridad legislativa y ejecutiva: un sitial en el callejón; okupas con mando en plaza en propiedades privadas como son los más importantes cosos de la región: Salamanca y Valladolid (además de León, Segovia, etc.).
Allanamiento de morada que este reglamento pretende explotar -"entrando hasta la cocina"- en labores camperas que corresponden a la íntima alquimia de los ganaderos, sin descartar un próximo paso para que, siendo zona productora, les hagan a los bovinos un control de calidad autonómica y si lo pasan sea el futuro Instituto Regulador de la Denominación de Origen el que de plácet para su lidia previo marchamo identificador en forma de otro hierro más en lo que quede libre del costillar del animal. El toro como orgullo de ser. Lo que no se consigue, a falta de lengua propia y más de un complejo del pasado, en infraestructuras, educación, sanidad -menos hacerse respetar en la "babel" de la financiación autonómica-, el toro lo propicia. Mi hoja de ruta de los últimos días me ha llevado de Gijón a Bilbao, y con un ojo puesto en Málaga. No he encontrado diferencia alguna propiciada por el reglamento común de los asturianos y los "catetos" localistas de Euskadi y Andalucía. Simplemente las características ancestrales que definen y diferencian unas plazas de otras. Y por encima de todo seis toros y tres toreros en mayor o menor grado, de fuerza y casta y de inspiración.
No es necesario rellenar negro sobre blanco un mamotreto para argumentar que en Bilbao haya que cortar dos orejas en un toro para salir por la Puerta Grande o Puerta del Lehendakari como en Sevilla es la del Príncipe o en Nimes la de los cónsules. Sí se empeñan los gudaris vascos en dejar muy claro que San Sebastián es de primera, gracias al toro, durante una semana, mientras no echan cuentas que La Real es de segunda durante 365 días, y los que te rondaré… En Málaga el Reglamento Andaluz no ha evitado los descalzaperros ganaderos. Escribo desde Cuenca. Los políticos manchegos, como navarros, extremeños y aragoneses, tienen hace tiempo, también, su juguete, y éste no ha evitado el crimen de Cuenca -versión siglo XXI- apretando nalgas y cachas en los burladeros en el duelo del año, que fue con grifos simulando pistolas, como los atracos de los delincuentes de ocasión. Por cierto, buen botín, cobraron, con "la policía científica del toro" mirando para otro lado. El orgullo de ser toro para un político puede llegar a lo sublime e institucionalizar con tintes conmemorativos la puesta en vigor de los diferentes reglamentos con el día del orgullo toro. A buen seguro les disgustaría que les vieran desmochado -¡velan¡, dicen, por la pureza de la Fiesta y la integridad del toro- sin su consentimiento, por el "¡que dirán!" sus, y a sus, familias.
Su ilusión es desfilar en puntas. ¡Al tiempo!

¡Que me lo cuenten en Bilbao! (19 Agosto 2008)

Argumentan éxitos con dotes de convicción: "Lógico", te dicen los adosados de los toreros y apologetas, disfrazados de impecables críticos, "es que está andando, sensacional, ¡No veas cómo ha estao en Huelva, en Ubrique, en Huesca,… ¡uf! Si lo ves en Bollullos, ¡No veas! Qué toro cuajó. ¿Y en Moralzarzal? ¡Cumbre! Y así. Y te lo cuentan pronunciando toro sin pudor alguno.

La semana me ha tocado en Gijón. Gran feria taurina sobre el papel, todas las figuras, y todos los días la Puerta Grande abierta de par en par… con el toro chocolate, ¡eso sí! (Como los metales de los juegos donde nos íbamos a comer el mundo y salvo cuatro o cinco nos estamos comiendo el marrón: oro escasa, plata parece…oro no es, bronces que suman, y mucho diploma de meritorios, lo que han dado en llamar medallas de chocolate si la clasificación es umbral de podio...). Puerta Grande, todos los días una, por lo menos. Para rizar el rizo el día del mano a mano los dos, y en la mixta: los tres. No va más. ¡Más difícil todavía! Argumentan éxitos con dotes de convicción: "Lógico", te dicen los adosados de los toreros y apologetas, disfrazados de impecables críticos, "es que está andando, sensacional, ¡No veas cómo ha estao en Huelva, en Ubrique, en Huesca,…. ¡uf! Si lo ves en Bollullos, ¡No veas! Qué toro cuajó. ¿Y en Moralzarzal? ¡Cumbre! Y así. Y te lo cuentan pronunciando toro sin pudor alguno. No disciernen entre el toro de oro- como las medallas olímpicas-, mejor o peor de condición y comportamiento pero toro, de Madrid, Bilbao y, si se quiere, Sevilla (Pamplona es otra historia, más tirando a buey). No reparan en el aceptable "toro de plata" de los siguientes cosos en importancia; se ofenden si hablas del "toro de bronce" como el medio toro o toro medio, que no es lo mismo, pero para el caso… Y se recrean en el circunloquio sin reparar en el toro chocolate que sale para propiciar tanto triunfo, santo y seña de las ferias de junio, julio, agosto y septiembre, a excepción de plazas reseñadas. Reseñas, espacios taurinos en medios generalistas y prensa especializada, papel o internet, no reparan en titulares pomposos. Y tu tragas, y tragas, hasta el punto de reventar: "Cuéntamelo en Bilbao". El martes, les digo de que van.

2 de abril de 2009

El muso (12 Agosto 2008)

¿Qué es este movimiento nacional: Tomismo, tomasismo o tomatosis? La comunidad científica no termina de ponerse de acuerdo con la nomenclatura: 'tomasismo' parece responder a los orígenes sin importar mutaciones posteriores y su clave es KU; 'tomismo', al parecer, es el tardotomasismo bajo el espíritu del 17-J/ 2007 y su código es KUS; y tomatosis es la catarsis consecuente de la convergencia de ambos, cuya compresión y comprensión es KLAN.

Al final va a tener razón la ministra Aído (¿por qué no, Aída?) sobre la obsolencia de la RAE, sustentada en un larvado machismo en vez de evolucionar para que la distinción sexista de los substantivos no se limite al artículo que le-la precede. Ha perdido Bibiana una buena ocasión de utilizar como contrafuerte de sus argumentos para colar la palabra "miembra" por no estar al tanto del debate nacional, que se ha suscitado en torno a la figura de José Tomás, el torero -será por esta condición, torero, por lo que la progre novicia no le ha echado cuentas-. Basta hacer un barrido hemerotético (puestos a contribuir con palabros soterrados) o rastrear en los buscadores, buceando en la red, para reparar en la cantidad de literatura que ha provocado el torero.
La inmensa mayoría de la intelectualidad contrastada pretende instalarse en un equilibrio entre el tsunami provocado por el factor emocional del continuo olor a cloroformo que desprende el diestro y el toreo como arte soportado en una técnica que, sin orillar riesgos, suponga tensión máxima en el espectador. Así se han manifestado plumas de la talla de Antonio Burgos, Alfonso Ussía, Ruiz Quintano, Jiménez Losantos etc. Todos con una analítica admirable y, generalmente, con gran admiración por el maestro (el respeto en gente culta y educada se les supone). Me permito recomendar el de Raúl del Pozo -flamante premiado con el Mariano de Cavia- titulado Cera y publicado en El Mundo el pasado 17 de junio, como crisol preciso de todo lo publicado. De la misma manera la pieza narrativa - La sangre derramada- desde la mesura, de Luis María Ansón sobre sus vivencias del pasado día 15, es obra maestra desde su tranquilo regato tomasista, un spa balsámico ante tanta torrentera desbocada.
Pocos son los que niegan las cualidades innatas de un torero con pasta de figura de época, o referente principal de una época por ser sus ciclos acotados en períodos cortos, de selectividad restrictiva en cuanto a hierros y cosos y de parca competencia. Escasamente lo hacen aquellos que pretenden contrarrestar de forma visceral la bilis con la que se manifiestan negro sobre blanco los apologetas (vocablo compuesto de mitología griega y casticismo). Gentes de todo rango y condición se han apresurado a tener su minuto de gloria en tribunas de elite, cuales okupas consentidos. Médicos, juristas, empresarios; ensayistas de todo a cien y poetas de top manta intentan la cuadratura del círculo de trazar lírica desde la épica. Obvian las esencias de la tauromaquia para hacer exégesis de lo divino y lo humano, lo taurino y lo personal, lo físico y lo psíquico, desde una hermenéutica en precario, con el plus de que cada escritor de ocasión se pone estupendo, alguno muy pedorro, intentando superarse a sí mismo sin duda fruto de las musas; ¡que coño un mito!, JT es un muso (Aído toma nota).
Un numen, un muso, capaz de activar su ejército de feligreses para satanizar, cual inquisición, cualquier argumento en contrario por profundo y argumentado que sea: "De todos los toreros, Tomás es el que más se acerca a la leyenda, pero me atreví, en pleno seísmo de entusiasmo, a escribir, junto a otros, que el matador parecía a merced del toro", Raúl del Pozo. JT, "dios de una religión de exaltados", Ussía. ¿Qué es este movimiento nacional: Tomismo, tomasismo o tomatosis? La comunidad científica no termina de ponerse de acuerdo con la nomenclatura: 'tomasismo' parece responder a los orígenes sin importar mutaciones posteriores y su clave es KU; 'tomismo', al parecer, es el tardotomasismo bajo el espíritu del 17-J/ 2007 y su código es KUS; y tomatosis es la catarsis consecuente de la convergencia de ambos, cuya compresión y comprensión es KLAN.
JT, acreditado está, es un torero grandioso; y punto. Desde la irracionalidad es un dios -perdón, un ayatollah-, un rey -lo siento, un presidente de república- y para los borjamari con aires de notoriedad literaria un numen, ¡un muso!, ¡Aído (Aída)!